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Una mujer dueña de su sexualidad es un problema

Una mujer dueña de su sexualidad es un problema

¿A las cuantas citas puedes acostarte con alguien? ¿Qué posiciones sí? ¿Cuáles son de putas? Sexo oral, ¿sí o no? ¿O solo con tu novio de mucho tiempo? Si me acuesto con él rápido, ¿me va a seguir tomando en serio? ¿Vestirme sexy se vale o va a pensar que soy una puta? ¿Si me pongo creativa a la hora del sexo, ¿pensará que tengo mucha experiencia? 

Una mujer dueña de su sexualidad es un problema. Es la zorra, la tocada, la manoseada. ¿Qué no has escuchado lo que dicen? Está más tocada que las mañanitas. Sí, hay que ser sexy pero no tanto. Siempre déjalos con ganas de más. Si te acuestas con varios, después ya nadie va a querer casarse contigo. El sexo es solo para dos personas que están enamoradas. 

Mi amiga Jimena me contó que perdió su virginidad durante el recreo. Teníamos 15 años y yo no daba crédito de lo sucedido. “¿No tienes miedo a embarazarte?”, le pregunté. Regresé al salón pensando en lo que había hecho Jimena. No era que me asustara sino que ella y yo habíamos platicado tantas veces de cómo perderíamos la virginidad, y ella siendo la primera de mis amigas en “hacerlo” me entró pánico de que tal vez mi momento iba a llegar. ¿Con quién? ¿En dónde? ¿Me dolerá? ¿Le diré a mis papás? ¿Le contaré a todas mis amigas? ¿Y si corto con ese güey y ya le di lo más importante que tengo? 

A ver. No es que haya crecido en un ambiente cerrado o muy mocho, al contrario. Mis papás eran bastante abiertos con el tema de sexo, incluso a mis 16, cuando mi papá vio que yo estaba muy emocionada con Rodrigo (mi novio de aquél entonces) me dijo que si mi mamá no me llevaba al ginecólogo, él me llevaba. Y a pesar de que estaba enamoradísima de Rodrigo, había algo que nada más no cuajaba. Fui de las últimas de mi grupo de amigas en tener sexo y no es que no hubiera con quién, pero quería que fuera especial y con alguien al que amara. 

El primero es el primero y JAMÁS se te va a olvidar. Mi primera vez no la planeé, simplemente sucedió, a los 19 años en casa de mi novio de aquel entonces y fue… normal. Ni cantó Celine Dion, ni hubo pétalos de rosa en la cama, ni lo hicimos a la luz de la luna. 

Te cuento de mi virginidad porque crecí escuchando historias alrededor del placer, de lo que debía o no hacer una mujer, y a pesar de que en México nos atiborran de imágenes de mujeres hipersexualizadas (cof cof televisión nacional), de la misma manera nos imponen cómo vivir nuestra sexualidad. 

La culpa, la culpa, la maldita culpa. El llegar de blanco al altar, el ser pura y casta. El no ser la zorra de tu grupito de amigas. El no decirle al otro qué te gusta. Que el sexo solo sea para procrear. He tenido varias parejas sexuales desde aquél entonces y he aprendido varias cosas sobre el tema. He experimentado conexiones brutales , y con otros, la neta la neta me los pude haber ahorrado. He tenido épocas de sequía (¡ja!) y épocas donde le he dado vuelo a la hilacha. He llorado después de tener un orgasmo y también me he carcajeado de la felicidad. Entendí después de muchos muchos años qué significa la intimidad y que va más allá de quitarse la ropa enfrente de alguien, y también he aprendido que una es responsable de su propio placer. Que así como en la vida, una no puede ir culpando a los demás (el orgasmo es de quien lo trabaja). 

A mis 35 años sigo con muchas preguntas alrededor del sexo. Y no sé cómo sea tu experiencia, pero yo quiero conectar aún más conmigo, con mi cuerpo, poder llegar a sentirme 100% libre en mi propia piel. Seguir descubriéndome sola y con mi pareja. 

Quiero que más mujeres nos quitemos ese discurso obsoleto y patriarcal de que el sexo es solo para los hombres. Que observemos de dónde viene esa culpa y empecemos a entender que todo eso que nos dijeron es solo una manera de controlarnos. Pero mi cuerpo es mío y yo decido qué hago con él, y amarme incluye darme todos esos placeres que merezco.