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Una, dos, tres… siempre hay una más.

Una, dos, tres… siempre hay una más.

Los ataques al feminismo por parte del Estado se han vuelto cada vez más públicos, frontales e intensos. Esto tiene dos explicaciones; la primera, algo muy viejo, que es la continuación de la misoginia de la cultura patriarcal y; lo segundo, algo muy contemporáneo, una respuesta al éxito que se ha tenido en encontrar nuevas maneras de luchar y resistir en contra de la violencia sexual y simbólica, sin miedo al estigma y a la discriminación.
Judith Butler

Recientemente me enteré que asesinaron a dos mujeres más, dos más parte de las 10 diarias en este país. Victoria y Karla hoy ya no están con vida. Es evidente que ya no estamos en marzo. Tal y como lo habíamos dicho, pasando el 8M se olvidó el tema en muchos espacios, incluido el Estado. 

Unos días antes del 8M, el gobierno instaló una valla metálica alrededor del Palacio Nacional y en las calles principales del centro histórico, dando el primer mensaje a las colectivas feministas en vísperas del 8M: ¡No escuchamos! ¡No pasarán! 

En un país donde mueren más de diez mujeres cada día, el gobierno decidió poner -ahora sí- las vallas físicas que le faltaban, pues las simbólicas siempre han estado ahí, y claro, nos encabronamos. Se enojaron muchas mujeres quiénes en uno de los actos más valientes y hermosos de los últimos años del movimiento feminista acudieron a las puertas de Palacio Nacional a pintar sobre esas vallas nombres de mujeres desaparecidas, asesinadas y víctimas de violencia acompañados de flores como homenaje. Niñxs, madres, padres, amigxs y familiares escribieron los nombres y apellidos de las mujeres, que, para muchas personas, y evidentemente para el gobierno, son solo una estadística más. 

Así empezó el 8M, con una valla de metal que se convirtió en un lienzo con nombres, flores y resistencia.

Al día siguiente, aún ante el riesgo de la emergencia sanitaria, muchas mujeres salieron a las calles y otras, la gran mayoría, lo hicimos a través de las redes sociales, paneles y reflexiones grupales, tomamos el espacio digital como nunca se había visto en otro 8M. Sin embargo, aquellas que decidieron salir a protestar se encontraron no solo con las vallas metálicas, sino con un despliegue de fuerzas policiacas excesivas, vigilancia de elementos de seguridad vestidos de civiles y personas en los techos de Palacio Nacional con dispositivos -parecidos a armas de alto calibre- para “proteger” el hogar del presidente de drones y de las peligrosas manifestantes feministas. Grupos de mujeres quedaron encapsuladas por elementos policiacos por más de una hora impidiendo su derecho humano a manifestarse libremente y a avanzar en la protesta. 

¿En qué momento salir a protestar por los niveles de violencia y asesinatos de mujeres se volvió tan peligroso? ¿Por qué están más cuidadas las marchas del 8M por parte del Estado que las mujeres cuando llaman al 911? ¿Por qué el Estado envío más policías a la marcha feminista que policías y/o recursos para investigar los miles de casos de desaparecidas que se quedan archivados en fiscalías?

Justo hoy, escribiendo esta columna, me llegó la noticia de una mujer asesinada llamada Victoria por el uso excesivo de la fuerza policiaca en Tulum, Quintana Roo, en el mismo estado que hace unos meses elementos de la policía estatal esparcieron con disparos una manifestación feminista en el municipio de Benito Juárez; En el mismo estado en el que también hoy se registró el feminicidio de otra mujer llamada Karla M, quien se dedicaba a conducir un taxi en la isla de Holbox. La semana pasada, otra jóven, Wendy Yoselin de 16 años, fue encontrada en un canal de  aguas negras en el municipio de Xonacatlán en el Estado de México. 

¿Pondrá el Estado toda su fuerza para el esclarecimiento de estos casos? ¿Tendrán justicia las familias? ¿Qué hizo el Estado para evitar los asesinatos de Victoria, Karla y Wendy? ¿Cuándo va a dejar de ocurrir esto? 

Ellas pasarán a los nombres de las mujeres asesinadas y el gobierno seguirá poniendo sus vallas (físicas y simbólicas). Nosotras seguiremos escribiendo sus nombres, pintando monumentos, saliendo a las calles, tomando los espacios digitales, exigiendo y encabronándonos hasta que vivir en México siendo mujer no signifiqué poder dejar de estar aquí un día cualquiera. 

Nosotras, quienes aún estamos aquí, seguiremos resistiendo…