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Todas esas veces que no respeté mi trabajo

Todas esas veces que no respeté mi trabajo

Durante dos años hice comerciales. Ese era mi trabajo, y a pesar de que mis compas del teatro peluseaban el mundo de la publicidad, yo tenía que pagar mi vida de mujer independiente y además, siempre me ha gustado el set. Hice de todo un poco. 

Mi primer comercial fue con Cuauhtémoc Blanco para una marca de refrescos (algún día te contaré el PEDO que fue filmar con él), le hice de mamá joven para un banco, de chava cool en Movistar, me fui a grabar unas cápsulas de las Olimpiadas en Londres para Coca Cola y también actué para una marca de higiene íntima.

Antes de ir, la directora de casting me preguntó si quería hacerlo a través de mi agencia o directo. Por astuta y por ahorrarme el 20% (la comisión que se quedaba mi agencia) dije que directo. El punto es que fue un llamado de 27 horas. Sí, lees bien, más de un día donde no había catering (solo refrescos) y yo, además de estar agotada, me veía físicamente mal. Encima de todo, me dijeron que me pagarían al corte, o sea terminando te dan tu cash, y el director me dijo: “Sorry, usé tu dinero para pagar las horas extras de la planta de luz”.

¿Sabes qué hice? Nada. Me fui, desveladisima y sin lo que me habían prometido. Desde aquella vez, no hice jamás otro trabajo sin mi agencia. Pasando las 14 horas pude haberle hablado a mi agencia y decirles que me sacaran de ahí. Moraleja: lo barato sale caro pero no me quejé. No alcé la voz porque no quieres hacerte fama de conflictiva. No quieres que se corra la voz y sepan que no eres profesional. Y justo por esa razón, años después, cuando todavía tenía Púrpura (mi primer blog) una agencia se tardó en pagarme 8 meses.

Cuento esta experiencia porque me da mucho coraje que estas personas puedan salirse con la suya y jinetear tu trabajo. Este Señor, nos contrató a mi ex socio y a mi para hacer unas menciones de un mezcal en diciembre del 2016, y pasaban y pasaban los meses y nada más no nos daba respuesta. Un día, en agosto del 2017, subo a Facebook personal a modo de desahogo que me encabritaban las agencias que no te pagaban. Lo mas curioso es que mi amigo Pablo comentó en mi posteo y él, desde su cuenta personal, posteó que le debían una campaña y puso el nombre del güey y nombre de la agencia, y ¿que crees? ¡Que era el mismo señor! WTF! 

Ese mismo día me agarré los ovarios, le escribí y le di un plazo. O me pagaba esa semana o lo hacía público en mis redes sociales. El Señor este todavía tuvo los huevos de darme el avión y pues, yo le había dicho la verdad así que subí a Instagram, a Stories, a Facebook público y a Twitter que este señor no me pagaba, ¡ah! Y taggeé a la marca de mezcal para que supieran a quien habían contratado. Se armó un mega pedote, el de marketing de la marca me suplicó que por favor lo bajara de redes y le dije que no, que sorry, que no era en contra de ellos pero para que supieran a quién contratar. La presión funcionó y me pagó a la siguiente semana. El desgaste de andar presionando por mi dinero fue horrible pero fue la única solución porque ¿qué crees? No tenía contrato firmado. Desde esa vez no he vuelto a trabajar sin contrato.

Te cuento que desafortunadamente tuve que pasar por esto porque nadie me enseñó a poner límites, a dejar claro todo desde el principio y firmar contratos. También porque antes creía que me hacían un favor pagándome así que aguantaba lo que fuera. Hoy lo veo totalmente distinto y no, ya no me da pena cobrar por mi trabajo, al contrario, lo valoro y lo agradezco.

Por eso, es tan importante que escuches el capítulo de esta semana con Mariana Fresnedo, porque viene del cómo nos hacemos chiquitas, de todas esas creencias alrededor del dinero y cómo podemos tener una mejor relación con nuestra cuenta de banco.

¿Tú? ¿Qué relación tienes con el dinero? Puedes dejarme un comentario en mi foto del Instagram de Sensibles y Chingonas. Ahí te estaré respondiendo y también puedes unirte a mi lista de Telegram