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La importancia de la cultura pop en nuestras vidas

La importancia de la cultura pop en nuestras vidas

¡Hola! Estoy muy feliz de estar de la mano de Romina Sacre en Sensibles y Chingonas. Me emociona mucho formar parte de este espacio donde a través de esta columna podré compartir mensualmente mis ideas contigo. 

Puede ser que anteriormente hayas leído algunos de mis malviajes en Romina Media, si es así te habrás dado cuenta que mis intereses principalmente están en series, programas de televisión, música, películas y muchas otras manifestaciones contemporáneas de lo que puede ser considerado “cultura pop”. 

Hace unos años la gente de mi contexto me pensaba como una loca wannabe por ser amante de todas esas cosas que parecían completamente irrelevantes, como los chismes de las revistas, la moda, los reality shows, series y programas de televisión, las premiaciones y todo lo que pasaba en las alfombras rojas, y miles de cosas más. Yo era esa amiga que parecía tener a Joan Rivers de spiritual animal y te podía contar todo lo que acontecía en ese mundo.

Por mucho tiempo creí que realmente era un talento inútil e incluso me sentía un poco mal por no considerarme lo suficientemente culta y en lugar de leer todos los libros de la filosofía platónica me encantaba leer los chismes de Justin Bieber y Selena Gomez. No fue hasta que entré a estudiar gestión de la cultura que me di cuenta que todos esos mal viajes tenían un sentido. 

Ahí te va una anécdota: cuando estaba en la secundaria empecé a fumar (un hábito que cargo hasta el día de hoy ¡ups!) y en cuanto compraba el cigarro en el puestito de afuera de mi escuela me sentía una mujer libre, independiente e incluso rebelde ante el pensamiento de que “las mujeres bien portadas no fuman” ¡Al carajo, yo no quería ser esa mujer! Eventualmente me topé con personajes femeninos aspiracionales con los cuales me sentía identificada como adolescente y con ellas compartía ese “gusto” por el tabaco, e incluso lo hacían lucir bastante cool. Personajes como Effie de la serie Skins, fotos de musas y modelos como Kate Moss o Alexa Chung o cantantes como Alison Mosshart, Sky Ferreira o Lana del Rey. Todas ellas de alguna forma representaban -o al menos en mi cabeza así era- este ideal de la mujer rebelde e independiente.

Por muchos años me guié por ese “ideal” hasta que eventualmente ¡oh sorpresa! Desarrollé la dependencia al tabaco. Cual fue mi shock al enterarme que esa idea de “la mujer rebelde, fuerte, independiente”, que rompe con el estereotipo de la mujer ideal se lleva cargando hace muchísimos años y fue ideada por nada más y nada menos que ¡POR UN HOMBRE! ¡QUEEEEEE! 

Un buen día me encontré con un documental de la BBC llamado The Century of the Self, es una mezcla de análisis histórico, social y político que examina la primera parte del siglo XX en Europa y Estados Unidos, centrándose en el psicoanálisis de Sigmund Freud y su sobrino estadounidense Edward Bernays, el creador de lo que llamamos hoy en días Relaciones Públicas.

En Estados Unidos en 1928 Edward Bernays, junto con el gobierno en turno articularon el ideal de que el consumismo se convertiría en el motor central de la vida estadounidense. Denominaron a la sociedad como “máquinas de felicidad” las cuales serían impulsadas por el deseo y con ello se convertirían en pieza clave en el desarrollo económico. No bastaba con simplemente decirles que su producto era la mejor opción debido a su funcionalidad sino que tenían que llegar a las entrañas de nuestro ser para así sentir que ese producto o marca nos entendía al cien por ciento. En su corazón estaba el “yo” consumidor que no solo hacía que la economía funcionara, sino que también los hacía felices y dóciles y, por lo tanto, creaba una sociedad estable.

Fue así que muy inteligentemente Edward Bernays desarrolló la idea de que los cigarrillos Lucky Strike serían “las antorchas de libertad” que supuestamente empoderaron y emanciparon a las mujeres estadounidenses dándoles simbólicamente un pene (típico discurso misógino de Freud). Fue así que a través de una serie de manifestaciones, una campaña en televisión y product placement con las actrices más famosas del momento esta idea de “libertad y emancipación” se concretó y hasta el día de hoy lo venimos cargando y consolidando a través de los contenidos, series, películas, y música que consumimos e incluso los iconos con los que nos identificamos y adoptamos.

Dar por sentado que la cultura pop es algo banal es realmente es un error, y es que a pesar de que muchas personas amen que Harry Styles use vestido (que haber yo también lo amo y aplaudo) no hay que dejarnos de cuestionar si es que realmente no hay un discurso detrás que puede ser positivo o negativo. A pesar de que más de la mitad del mundo odie a las Kardashians no podemos negar que realmente se han vuelto una influencia en la sociedad y no por nada hubo una “pelea” porque Kendall Jenner usó el mismo vestido Rodarte inspirado en Frida Kahlo, que Selena Gomez en su video “De Una Vez”. 

Todo tiene un sentido, todo está ligado y todo puede ser analizado, así como Miranda Presley le avienta un choro a Anne Hathaway en El diablo viste a la moda sobre porqué su suéter azul no fue una decisión aleatoria, así se manifiesta la cultura pop en todo lo que nos rodea. Así que amigues estoy muy contenta de que junto conmigo compartan este espacio para nuestros malviajes de cultura pop y podamos empezar a tomar decisiones conscientes y  ser nosotras mismas al entender cómo es que a veces muy bajita la mano somos influenciadas con miles de creencias y discursos en nuestro diario vivir.