Now Reading
¿Al Niño de Medellín realmente le importa Medellín?

¿Al Niño de Medellín realmente le importa Medellín?

Este fin de semana decidí ver el nuevo documental de Amazon: El niño de Medellín, una biopic que sigue los pasos de J Balvin durante una semana en donde terminando un concierto en Ciudad de México, Balvin regresa a Colombia a prepararse para su mega concierto en su ciudad natal. 

Sin embargo, casi como si fuera una ficción perfecta, el contexto político dentro de Colombia empieza a calentarse y a poner en riesgo el concierto del reggaetonero cuando la población hace un llamado a paro nacional para protestar contra el presidente Iván Duque Márquez y sus abusos como presidente, es ahí cuando los cuestionamientos personales y sociales ponen en el spotlight  a J Balvin. Lo comienzan a llamar “el niño tibio de Medellín” al no querer opinar, hacer publicaciones de Instagram ambiguas sin una opinión política certera,  y a criticarlo de estar en una posición clave como un artista colombiano con privilegios, y sin utilizar los reflectores para ayudar a su gente.  

Paradójicamente, la situación política en Colombia ha vuelto a causar indignación desde el 28 de abril al observar los asesinatos de civiles por parte del ESMAD (Escuadrón Móvil Antidisturbios), en las manifestaciones que reclaman nuevamente al Presidente Ivan Duque por su reforma tributaria, la cual pretende cobrar más impuestos a los ciudadanos colombianos para que así el Estado pueda recaudar 25 billones más de pesos colombianos (aproximadamente 6 mil 850 millones de dólares)

A pesar de que el documental de Balvin fue grabado a finales de 2019, parece que nada ha cambiado y nuevamente el reflector se centra en el cantante y su posición como uno de los artistas colombianos más influyentes actualmente, y lamentablemente un año después Balvin ha vuelto a ser criticado por su ignorancia y tibieza al no apoyar como artista a su pueblo. 

En el documental de Amazon el cantante dice que no es político, que él es artista, que no puede opinar de lo que no conoce, pero si te haces llamar “El niño de Medellín” y tu discurso continuo es llevar el nombre de Colombia en alto, cuando utilizas las comunas de Medellín como set para fotografiar tu línea de ropa y te apropias de un género musical que tiene origen en el segmento de la población que está más marginado, tienes una responsabilidad de pasar de la ignorancia al interés. Porque lamentablemente en esa posición decidir guardar silencio también es un acto político y más en un país latinoamericano donde la represión del Estado hacia el pueblo es más que evidente. 

En la mitad del documental J Balvin entra al estadio donde están construyendo el escenario para su presentación, a su mente viene el recuerdo de haber cantado en ese mismo lugar cuando era más joven y dio un pequeño show donde cantó para todas las personas en el recinto pero “nadie estaba prestando atención”. Paradójicamente hoy el mundo le presta atención a J Balvin, sin embargo nuevamente no se está escuchando nada pero ahora de su parte, porque ahora es él quién no está prestando atención. 

Admiro a Balvin como artista, admiro sus logros y no pongo en duda el trabajo que ha hecho para cosechar sus proezas. Entiendo que es un ser humano, entiendo que ser una figura pública y estar en el reflector puede ser abrumador, pero lo que no entiendo es el silencio completo (no solo de él sino de también muchos más artistas colombianos), al ver a un pueblo ser asesinado y no emitir una opinión, no entiendo el llamado a pedir por la paz del país encendiendo una veladora o poniendo una foto en Instagram, eso no va a hacer que mágicamente se arregle la situación, lo que sí puede es ayudar a visibilizar el problema usando su influencia como plataforma. 

El documental me hizo entender el porqué la gente en Colombia ama tanto a J Balvin, se sienten cercanos al cantante al verlo crecer en las calles y ahora alcanzar fama internacional. Sin embargo esa cercanía no solo se espera en recibir una foto o pararse a saludar, también se espera en sentir regocijo de saber que un colombiano está arriba utilizando todo su poder mediático para alzar la voz por un pueblo que ya está cansado de gritar. En conclusión, al niño de Medellín le hace falta regresar a Medellín.